El trato de los militares para con los niños y jóvenes durante la última dictadura militar es algo que no puede ser pasado por alto. Jorge Kaplank, periodista, redactor del diario La Capital y especialista en crímenes de lesa humanidad, aseguró que el mayor problema en relación a los niños que sufrieron el último golpe militar, se debió a que la mayoría de las mujeres que eran secuestradas estaban embarazadas y, luego de dar a luz, eran asesinadas. De esa manera, los bebes quedaban en manos de nadie, sólo podían ser adoptados pero perdían su verdadera identidad en cierta forma.
El
periodista contó que hubo casos en los que trataron de localizar a algún
familiar y posteriormente el niño era devuelto, pero otras tantas veces eso no
ocurría. “Se los tomaba como botín de guerra y se los daban a alguna persona
que no tenía hijos”. Otra de las cosas que comentó Kaplank fue que en ocasiones
se mantenía con vida a la madre hasta que dé luz. Una vez culminado el parto,
el bebé era robado. “Muchos de los militares resguardaban su postura afirmando
que no querían que estos niños recién nacidos sean criados en un hogar de seres
subversivos”.
“La verdad
es que no se puede privar a una persona de su identidad”. Con esa frase, resumió
el amplio tema sobre el último proceso cívico militar en Argentina. Y así
comentó acerca de un caso particular sucedido en Rosario, sobre una joven
llamada Sabina Gulino, a quien secuestraron a su madre y la llevaron a una
quinta en Funes y posteriormente dio luz en un Hospital de Paraná. Allí tuvo
mellizos (un varón y una mujer) y luego fue asesinada. Sobre el niño
nunca se supo nada, mientras que a la nena la abandonaron en la puerta de una
iglesia. Finalmente, fue adoptada y con el correr de los años empezó a tener
dudas acerca de su identidad debido a la desaparición física de su madre y a la
fecha de su nacimiento. Fue así como decidió hacerse análisis de sangre para
revelar su verdadera identidad. Jorge aclaró que en ese caso sus padres
adoptivos no tuvieron ninguna responsabilidad. “Los militares que mataron a su
madre podrían haber dicho, por lo menos, de quién era hijo. No les importó
nada”
A partir del caso comentado por el periodista de La
Capital, podemos observar como treinta años después, gran cantidad de personas recuperaron
su identidad. Todo esto se dio gracias al gran trabajo de agrupaciones que
lucharon a favor de los Derechos Humanos, como la Asociación Abuelas de Plazade Mayo. El ejemplo más cercano y actual es el de Ignacio Guido Montoya De
Carlotto. Su madre, Laura Estela Carlotto, fue secuestrada y desaparecida en la Ciudad de Buenos Aires, estando embarazada, a fines de 1977. Su abuela, Estela, lo buscó durante 36 años. Por relatos pudo reconstruir que su hija había llegado a dar luz y que su nieto fue apropiado y su identidad cambiada. Finalmente, el 5 de agosto de 2014, tras una comprobación de ADN, su nieto fue identificado y se convirtió en el número 114 de la lista de nietos recuperados.
Autor: Tomás Cococcioni
Fuentes: Jorge Kaplank, periodista del diario La Capital
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