lunes, 22 de septiembre de 2014

Criminalización mediática


La criminalización no es una forma novedosa para pensar las situaciones problemáticas, o mejor dicho, para evitar que esas mismas situaciones problemáticas se liguen a su intensidad histórica. La criminalización ha sido uno de los tantos estratagemas ensayados para evitar que las situaciones problemáticas se traduzcan en conflictos políticos, y así desapercibir la diversidad social que contiene. Desde que se postuló que  todos los hombres son iguales ante la ley, las formas jurídicas no dejaron de invocarse una y otra vez para evitar la politización de dichas situaciones. Si lo que se buscaba era evitar la dramatización histórica de dichas situaciones, las formas jurídicas fueron (y son) uno de los resortes favoritos a tener en cuenta para realizar el hechizo. La criminalización es el proceso por el cual se disponen una serie de contenedores sobre las situaciones problemáticas. Cada hecho que se sale de la superficie normal debe correr por andarivel propio. Habrá enseguida que des enmarcarlo, particularizarlo. Entonces, cada una de estas situaciones deberá tener su fiscal, su juez, así como también su titular de diario; es decir, su momento de actualidad y punto.
La criminalización no ha sido un recurso propio de las instituciones estatales. Desde hace un tiempo, y más precisamente, desde la configuración del periodismo subjetivo, desde que el periodismo comenzó a tomar partida (se comprometía) en la noticia que relevaba, desde ese momento, el periodismo comenzaría también a diagramar sus propias formas jurídicas que le permitirían plegarse al proceso de criminalización. Pero no se trataría de la misma forma de criminalización. El modelo no se dispone para su repetición. El periodismo le imprimirá su propia diferencia. Y es esta diferencia la que le permitirá postularse en términos alternativos, es decir, la que le permitirá disputarle el sentido de verdad en juego en el proceso de criminalización estatal. Desde ya que tampoco se trata de un fenómeno nuevo. Basta recordar dos antecedentes: la literatura de folletín y el cinematógrafo.
No se trata de una sustitución de funciones  -el periodismo suplantando a los magistrados-, sino de una serie de desplazamientos de prácticas que antes operaban, al menos visiblemente, en sus respectivas esferas de influencia, actuando sobre terrenos separados y separables. Se trata de un modelo particular de investigación en que los conflictos son definidos, enjuiciados y hasta castigados periodísticamente.
Se toma como ejemplo a la llamada “ola de inseguridad”, donde los medios magnifican el problema y se genera un efecto muy grande en la población. Con esto, se intenta demostrar el deterioro de la calidad de la información, formados por datos imaginarios y apuntados a la demanda de la población. Inventan estereotipos, alimentan la discriminación y personifican a los excluidos del sistema laboral como generadores de miedo y violencia.

Fuentes de información:
*La gestión de la inseguridad ciudadana – Esteban Rodríguez.
*La criminalización mediática – Pereyra Marcelo, revista Encrucijadas.

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