La criminalización no es una forma novedosa para pensar las
situaciones problemáticas, o mejor dicho, para evitar que esas mismas
situaciones problemáticas se liguen a su intensidad histórica. La
criminalización ha sido uno de los tantos estratagemas ensayados para evitar
que las situaciones problemáticas se traduzcan en conflictos políticos, y así desapercibir la diversidad social que contiene. Desde que se postuló
que todos los hombres son iguales ante
la ley, las formas jurídicas no dejaron de invocarse una y otra vez para evitar
la politización de dichas situaciones. Si lo que se buscaba era evitar la
dramatización histórica de dichas situaciones, las formas jurídicas fueron (y
son) uno de los resortes favoritos a tener en cuenta para realizar el hechizo. La
criminalización es el proceso por el cual se disponen una serie de contenedores
sobre las situaciones problemáticas. Cada hecho que se sale de la superficie
normal debe correr por andarivel propio. Habrá enseguida que des enmarcarlo, particularizarlo.
Entonces, cada una de estas situaciones deberá tener su fiscal, su juez, así
como también su titular de diario; es decir, su momento de actualidad y punto.
La criminalización no ha sido un recurso propio de las instituciones
estatales. Desde hace un tiempo, y más precisamente, desde la configuración del
periodismo subjetivo, desde que el periodismo comenzó a tomar partida (se comprometía)
en la noticia que relevaba, desde ese momento, el periodismo comenzaría también
a diagramar sus propias formas jurídicas que le permitirían plegarse al proceso
de criminalización. Pero no se trataría de la misma forma de
criminalización. El modelo no se dispone para su repetición. El periodismo le
imprimirá su propia diferencia. Y es esta diferencia la que le permitirá
postularse en términos alternativos, es decir, la que le permitirá disputarle
el sentido de verdad en juego en el proceso de criminalización estatal. Desde
ya que tampoco se trata de un fenómeno nuevo. Basta recordar dos antecedentes: la literatura de folletín y el
cinematógrafo.
No se trata de una sustitución de funciones -el periodismo suplantando a los magistrados-,
sino de una serie de desplazamientos de prácticas que antes operaban, al menos
visiblemente, en sus respectivas esferas de influencia, actuando sobre terrenos
separados y separables. Se trata de un modelo particular de investigación en
que los conflictos son definidos, enjuiciados y hasta castigados
periodísticamente.
Se toma como ejemplo a la llamada “ola de
inseguridad”, donde los medios magnifican el problema y se genera un efecto muy
grande en la población. Con esto, se intenta demostrar el deterioro de la
calidad de la información, formados por datos imaginarios y apuntados a la demanda
de la población. Inventan estereotipos, alimentan la discriminación y
personifican a los excluidos del sistema laboral como generadores de miedo
y violencia.
Fuentes de información:
*La gestión de la inseguridad ciudadana – Esteban
Rodríguez.
*La criminalización mediática – Pereyra Marcelo,
revista Encrucijadas.
citar fuentes, faltan puntos de la consigna
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